viernes, 23 de marzo de 2012

EL PARAÍSO BAJO MIS PIES

Es cierto que no es obligatorio contar con un lugar de ensueño para escribir. No hace falta alzar la vista y contemplar el océano para que, de repente, una frase magnífica aflore de tu imaginación. Llegado a este punto quiero hacer un inciso: no entiendo que aislarse del mundo signifique irse a pasar una temporada a un lugar solitario y en contacto con la madre naturaleza... ¡Si no hay mejor mundo que ése! Parece que el mundo real esté dentro de una ciudad ruidosa y artificial, cuando acercarse a un lugar poco transitado por el ser humano me parece más real que cualquier otro. Después de esta breve aclaración, insisto en que no es necesario habitar, aunque sea de forma provisional, un pedacito de paraíso para escribir, puesto que escribir, se escribe en cualquier parte y la imaginación es capaz de recrear el ambiente necesario para ello. Pero cuando se convive unos días con el aire esclarecedor de las montañas de Tenerife, con el sonido blanco de la marea, con la dureza y estabilidad de sus piedras volcánicas, todo parece fluir mejor. 

En la actualidad ando inmerso en la escritura de mi segunda novela y tengo la suerte de impregnar sus frases con la templanza y la belleza que otorga esta ubicación privilegiada. En una casita, en pleno parque natural, con vistas al infinito, la serenidad se apodera de mi mente y comienzo a ver las palabras de mi novela como seres animados y los espacios en blanco, como pausas atemporales. La prisa deja de existir. 

Cada mañana bajo hasta el paseo marítimo y paso las horas aprendiendo del entorno, para conocer la importancia de todas y cada una de las cosas que me rodean. La piel rocosa de la orilla achicando agua, las nubes envolviendo las crestas de las montañas, etc. Es muy gratificante formar parte de este trocito del Edén, porque nada sobra ni falta, y si estoy aquí es porque debía de ser así para complementar este círculo mágico.

Cuando vuelva a Sevilla seguiré manteniendo en mi recuerdo las imágenes de este bello lugar tinerfeño que tanto está aportando a mi libro y a mi vida, pero, en mi retorno, será Sevilla la que me guardará un rinconcito bajo sus alas para que siga bebiendo de la magia de sus calles, del olor primaveral de sus monumentos y tendré la certeza de que el paraíso sigue bajo mis pies.

Gracias a todos. Un saludo.
Salvador Ortiz. 











1 comentario:

marilou dijo...

Maravilloso paisaje. No me extraña que sientas tanta paz. Un abrazo.