sábado, 1 de octubre de 2011

LA ESENCIA DEL ESCRITOR



Ha pasado mucho tiempo desde que me ocurrieron los acontecimientos que a continuación voy a describir. Unas situaciones, recogidas en mi diario, que le resultarán familiares a muchas personas y que conllevan un cambio radical en la forma de ver nuestra realidad. El origen de esta hilera de sucesos se encuentra en la madrugada del 19 de julio del año 2.009. La intranquilidad y la impotencia me sobornaron sin contemplaciones, a base de ideas negativas sobre un futuro desalentador y poco gratificante. Mi capacidad para soñar y descansar desapareció aquella calurosa noche de verano y las pesadillas eran tan reales como el parpadeo de mis ojos. Por aquel entonces estaba terminando mi primera novela, Cera de Babilonia. Hace unos días, por causalidad, encontré este primer escrito que a continuación os muestro. Un discurso lleno de oscuridad que, a día de hoy, ha quedado como un aprendizaje más, y como una emoción que me sirvió para aprender mucho sobre mí y, por consiguiente, sobre la vida que quiero llevar: disfrutar con la literatura.

Madrugada del 19 de Julio. 2009                            
En estos momentos carezco de sentido común, mi vida se tambalea como si de un “funambulista” se tratara, pero con la distinción de saber que su suerte no le acompaña, que caerá otra vez y mucho me temo que la red, que debe esperarle abajo y amortiguar la caída, ya está rota de tantos sinsabores. No consigo nada de lo que me propuse hace ya unos años. Un objetivo muy importante para mí, puesto que no concibo mi vida de otra manera que no sea la de poder dedicarme a la escritura en cualquiera de sus representaciones. El tiempo y el destino no están siendo nada benévolos conmigo, me aventuraría a decir que se comportan como un cruel maleficio conjurado con la diosa fortuna para que carezca de las oportunidades que me merezco sobradamente.

No es lo mismo esperar buenas noticias con la mente tranquila, que tener que aliarme con la impotencia e inventar buenas noticias para no sentirte un fracasado. De nada sirve el autoengaño y aferrarse a las cadenas de la utopía. Todas estas desilusiones me han llevado a pensar en olvidar mi pasión, ¿pero qué haría entonces con mi vida? ¿Cómo puedo ser feliz si no logro obtener el modo de vida que había concebido para mí? No sé si algún día lo conseguiré por esfuerzo o por azar, pero la situación está desmoronando mis cimientos. Los cimientos que yo pensaba inquebrantables se están viniendo abajo y no sé si volver a echarles cemento, o dejar irremediablemente que se desintegren en la oscuridad, para que en su lugar, pueda construir unos distintos pero menos gratificantes.

19 de Marzo de 2.010.
Después de esa noche me serené y, en los días posteriores, comencé a reflexionar con el objeto de encontrar la paz necesaria para tomar una determinación. No tuve que esperar mucho para encontrar mi identidad: quería escribir mi libro. Lo necesitaba. Una imposición emocional me daba las fuerzas necesarias para hacerlo. Sabía que tenía que sacar tiempo de dónde fuera para escribir, trabajar, centrarme y terminar la historia. Ahí residía mi felicidad. Por fin llegó el 19 de marzo de 2.010. Esta fecha está marcada, en rojo, en el álbum de mi vida. A mi casa llegó una caja de cartón con quince ejemplares de mi novela. Editada por Alhulia. A partir de ese día mi libro vio la luz. Una noticia maravillosa que nunca olvidaré.

Parece que había conseguido la ansiada felicidad pero, de nuevo, no supe valorarla lo suficiente. Os explico el porqué: Pidiendo consejo sobre el mundo literario a un célebre escritor, me hizo ver que el sendero de las palabras había de recorrerlo en solitario hasta sus últimas consecuencias. Hoy puedo decir que eso no es verdad.  Tras publicar la novela, el camino lo empecé, ciertamente, con una ilusión desmedida, con una manta liada a la cabeza, que la gente suele tildar de irracionalidad. El primer año llamé a todas las puertas posibles, buscando difundir mi obra. Ese camino no lo anduve en solitario, me acompañó en todo momento una sensación muy concreta y reconocible: la impotencia. A sabiendas de que soy un autor novel y que tengo que demostrar mi valía, sentí impotencia por no ver mis libros en las estanterías de las librerías, impotencia porque mucha gente quiso comprarlo y no tenían dónde, impotencia por pensar que había dedicado dos años de mi vida en escribir un libro que nadie iba a conocer. La impotencia, paradójicamente, me ayudó a muchas cosas, sobre todo, me sirvió de acicate para saber valorar lo que estaba realizando. ¡Estaba promocionando mi novela! Mi libro era una realidad, un sueño tangible y no me estaba dando cuenta. Mi visión cambió y empecé a saborear el momento, dejé fluir los acontecimientos y el desánimo dio paso al regocijo.


10 junio 2.011
Me propuse trabajar para que el libro llegara y llegue al máximo número de personas. Es mi primera novela y tengo que sembrar mucho para recoger los frutos. La diferencia está en que ahora disfruto de ese camino, recorriéndolo con una sonrisa, mientras aprendo de todo el mundo y persevero por mis ilusiones. He recibido muchos comentarios positivos de lectores transmitiéndome sus pareceres acerca de la novela. Cuando se publicó la segunda edición, la  tranquilidad se apoderó de mí. La sonrisa era mi estado normal de ánimo. Sigo aprendiendo cada día. Actualmente, este camino está siendo maravilloso porque tampoco lo estoy recorriendo solo. Con su brazo por encima de mi hombro, está mi agente Maite Zúñiga. Del mismo modo, gracias a mi familia, a Nacho Ares, Antonio Velázquez, a la editorial Alhulia. También a todos mis lectores, por sus opiniones y enseñanzas y, por supuesto, a todos vosotros por leer este artículo

1 octubre 2.011
Como ya he dicho, voy poco a poco haciendo realidad mis ilusiones, adquiriendo experiencia en el exigente mundo de la literatura. Labrándome un porvenir, en el gremio literario, con humildad y paciencia. Enseñar a mis lectores mi particular visión de la realidad y, cómo no, difundir ese compromiso social que me impongo con cada historia que imagino. Hoy por hoy, escribo mi segunda novela. Estoy disfrutando con cada palabra, con cada situación y con cada personaje. La historia es muy interesante y el ambiente que la rodea me tiene fascinado. Escribo y disfruto mientras escribo. El futuro será maravilloso porque el presente lo es. Tan solo he publicado una novela y tengo muchísimas cosas que aprender, pero permitidme decir, desde mi corta experiencia, que la esencia del escritor es lo que su propio nombre indica: ser feliz mientras escribe y, por supuesto, recibir el respeto y el cariño de quienes leen.

Salvador Ortiz Serradilla.


6 comentarios:

S dijo...

Que así sea...

Anónimo dijo...

¡Maravillosa lección para aplicar en todos los aspectos de la vida! Enhorabuena a ti que lo has descubierto y has sabido aplicarlo.

Salvador Ortiz dijo...

El tiempo y la paciencia son muy importantes. Se vive aprendiendo.

Gracias por vuestros comentarios.

Pilar Alberdi dijo...

Mis mejores deseos, Salvador.
Creo que para hacer una obra digna, se necesitan preguntas, y tú las tienes.
También es precisa mucha voluntad, y no te falta.
Lo demás, seguro que está en el camino.
Saludos.

Salvador Ortiz dijo...

Muchas gracias, Pilar. Unas palabras maravillosas que me llenan aún más de ilusión para seguir avanzando entre letras, frases y palabras. Gracias. Un abrazo.

Gema Morales dijo...

Debemos agradecer tu perseverancia para no decaer en momentos complicados y así no desviarte de este camino tan bonito y que a tus lectores nos aporta tanto. Enhorabuena por lo conseguido y mucha fuerza para lo que queda por recorrer!