viernes, 27 de mayo de 2011

Déjà vu: la nostalgia de nuestras vidas pasadas.




En el lenguaje científico, carente de poesía y romanticismo, el “déjà vu o “paramnesia” es una alteración de la memoria por la que el sujeto cree recordar situaciones que no han ocurrido. En los últimos años el “déjà vu” ha sido sometido a una seria, pero insuficiente, investigación psicológica y neurofisiológica. Su explicación más plausible es que el “déjà vu” no es un acto de «profecía» sino más bien una anomalía de la memoria: la impresión de que una experiencia está «siendo recordada». Una fría definición pero con un trasfondo insólito.

En este punto existen cientos de combinaciones y posibilidades, nuestro cerebro entra en el juego de lo inconcebible pero auténtico. Hay más asociaciones entre nuestras invisibles neuronas que estrellas en el universo, por tanto, se abre el abanico de lo extraordinario y cualquier teoría se contagia con la virtud de la viabilidad.

En “Cera de Babilonia” el “déjà vu” aparece como una combinación maravillosa de nuestros recuerdos más primigenios, ancestrales y ocultos; que proporciona una reflexión importante para dar respuesta al secreto de los dones, a través de una trama detectivesca e intrigante.El “déjà vu” es un pensamiento adormecido, vinculado a nosotros, pero que no hemos adquirido de manos de nuestra propia experiencia. Cuando nos ocurre esta enigmática sensación parece que miramos con los ojos de otra persona, oímos y sentimos desde una distancia emocional similar a la de una posesión espiritual. Es cierto que no perdemos el control sobre nuestra mente ni sobre nuestro cuerpo, pero una parte irreconocible de nosotros pasa a la esfera de lo cotidiano. Una familiaridad desterrada que dura unos segundos pero que deja un resquemor de inseguridad en nuestro organismo. La pregunta se hace obligada: ¿y si fueran los recuerdos de otra persona? Este vínculo entre almas ha quedado patente en muchas hipnosis regresivas. En los últimos años, la hipnosis regresiva se está utilizando como un novedoso e importante recurso terapéutico; las consecuencias no se han hecho esperar y existen registros oficiales sobre acontecimientos pasados que jamás podrían pertenecer a una persona actual. De ser así, esa persona tendría savia de “drago” fluyendo por sus venas y arterias. Quien haya leído la novela, recordará el asombroso caso de Claudio Cortés. Como siempre, estos temas cargados de magia y con no demasiada atención por parte de la ciencia, se prestan a embaucadores y a “Merlines” doctorados en pentágonos de salitre. Lo que es irrefutable es que la reencarnación ya era motivo de debate en la antigüedad. En el libro del Génesis viene implícito el concepto del resurgimiento, del continuo ir y venir de los espíritus entre el valle espiritual y la tierra:
 
Y soñó: y he aquí una escalera
que estaba apoyada en la tierra,
y su extremo tocaba en el cielo;
y he aquí ángeles de Dios
que subían y descendían por ella.
Génesis 28:12


Muchas gracias a todos.
Salvador Ortiz.

1 comentario:

Pilar Alberdi dijo...

Un tema muy interesante el que comentas.
Aprovecho para desearte lo mejor en esta segunda edición de "Cera de Babilonia".
Un saludo.